lunes, 9 de mayo de 2016

Rito de paso a la edad adulta o extinción, los dos únicos caminos para la Humanidad

Traducción adaptada de un texto de Tim Bennet "Bambi vs. el colapso de la civilización", director del documental "What a way to go", extraído del libro de Clinton Callahan "Directing the power of conscious feelings":

"Parece que tengamos tanto que perder (mientras sigamos pudiendo externalizar los malditos costes) que hablar de absorber el golpe, de actuar para protegernos a nosotras mismas y a la red de vida de este planeta, asusta común de los mortales lejos de nosotras ¿Recibir el impacto? No puedo recibir el impacto; Recién acabo de comprarme estos vaqueros! ¿Luchar? Me meterían en la cárcel! Allí no tendría cobertura! Prepararse para el colapso parece, para aquellos privilegiados, trabajo físico duro, aprender a cocinar gachas y pelo grasiento, y no más viajes al caribe. Luchar parece titulares embarazosos y una cita con un salido bestia en las duchas de una prisión. Con engrudo de gachas y comida de cárcel en el menú, la “cesta de la Extinción” con patatas fritas y “coka-kola” empieza a parecer una opción atractiva.

Anestesiados y de compras, parece que hay consenso en todas partes de que la última cosa que los seres humanos de la civilización industrial patriarcal van a hacer es revelarse y tomar de nuevo en sus manos sus vidas. Desde una perspectiva objetiva, esto es probablemente cierto, al menos hasta que hayamos perdido nuestros juguetes tecnológicos. Pero, mientras las masas no parece que estén cambiando sus mentes en ningún tipo de escala de tiempo que nos sea útil  llegados a este punto, mentes individuales pueden y de hecho están cambiando. Las personas pueden salir de la negación, y unirse a respuestas reales y efectivas. Tu puedes. Si, de verdad. Por eso me tomo la molestia de sentarme a traducir este texto. Porque hay personas ahí fuera que están preparadas para mirar hacia donde apunto. Quizás tu seas una de esas personas.

Podemos recibir el impacto (tampoco tenemos otra opción). E igual, con algo de suerte, sobrevivir a el. Podemos empezar por encontrar nuestro lugar y nuestra gente. Podemos comenzar plantando un bosque comestible, limpiando barriles y depósitos y habilitándolos para captación de aguas. Podemos salir a la calle y conocer a todos nuestros vecinos, y juntarnos y juntarnos para una comida compartida, y hablar de lo que está sucediendo y de lo que vendrá. Podemos encontrar una persona o personas que actúen como facilitadoras, y nos ayuden con el trabajo emocional que necesitamos hacer, avanzando a través de la tristeza y desesperanza, el miedo, la ira, nadando con ellas y más allá de ellas, avanzando juntas, hombro con hombro, mano a mano, corazón con corazón, descubriendo que somos suficientemente fuertes para soportar impactos duros, que estamos todavía lo suficientemente enteros como para no tirar la toalla, dándonos cuenta de ello en comunidad, podemos permanecer de pie frente a los faros que avanzan hacia nosotras a toda velocidad, podemos permanecer en pie y sostenernos las unas a las otros durante la embestida del camión, viendo, quizás, solo quizás, que algunas personas todavía seguirán vivas tras el impacto. Algunas personas necesitaremos hacer este trabajo, por que la mayoría se negará a asumir esa responsabilidad. Negarse a sentir el miedo ahora, se están condenando a sentirlo durante y tras el choque, cuando el trauma será mayor, y las pérdidas más difíciles de soportar. Necesitarán nuestra ayuda.

Y podemos actuar para protegernos a nosotras mismas (un nosotros más grande, que incluya a cualquier ser vivo). No tenemos ninguna idea real de como pequeños grupos de nosotras podemos hacer frente a ese camión, si permanecemos firmes y con determinación ante su embestida, pero podemos contemplar la posibilidad de que el camión acabe volcado en la cuneta, escacharrado más allá de cualquier arreglo, no pudiendo arrancar nunca más, mientras nos retiramos del pavimento a lamer nuestras heridas. Podría pasar, y como es posible encontrar algún camino de empujar el camión a la cuneta que pueda “funcionar” (con “funcionar” definido como “de alguna manera evitar nuestra caída a plomo hacia un evento de extinción masiva global), entonces merece la pena responder y actuar, intentar, ser y hacer. Las cosas se van a volver un poco “locas”. Las reglas van a cambiar, todas. Permaneced despiertas. Permaneced conscientes. Permaneced alerta, con determinación. Todo parecerá más claro.

La gente que veo comprometida en respuestas efectivas, todas han “sentado”, mascado y mirado cara a casa a sus miedos. Esto no significa que ya no tengan miedo. Significa que han enfrentado sus miedos, y encontrado un sentido a este momento. Significa que han encontrado su poder para responder incluso cuando están asustadas, lo cual no es más que la definición de coraje.  Todavía están de pie frente a los faros y no tienen un lugar donde esconderse, pero no están petrificados. Se están preparando para el golpe, como venga y cuando venga, respondiendo momento a momento, intuitivamente, racionalmente, irracionalmente, y con una consciencia elevada. Y se están preparando para jugar su rol en el intento de provocar que el camión que el camión vuelque en la cuneta.

Parece justo, de alguna manera, que alguien absorba el golpe. No necesariamente a nivel individual, por supuesto. Hay muchas, muchas víctimas en esta historia. Todas hemos nacido en esta situación. No discutiré que cualquiera de nosotros en particular tiene una deuda que pagar. Eso es algo que cada corazón debe saber.

Pero a nivel colectivo, a nivel de civilización, de cultura, hay cierta justicia que se puede sentir profunda y claramente. Esta tropa particular de simios resabidos ha actuado de forma abominable. Como disfuncionales miembros de la comunidad de la vida. Quizás sintiendo el miedo que hemos engendrado, el dolor que hemos causado, la pena que hemos creado, la irá provocada,  la culpa que hemos ganado y la clara y emergente alegría a la que podemos acceder en cualquier momento, quizás sintiendo profundamente generamos un sentido, una forma de seguir caminando. Sintiendo. Yendo a una respuesta defensiva y protectora que pudiera “funcionar” realmente. Es un tipo de encrucijada “cósmica”, tu-rompes-tu pagas los daños, asumes la responsabilidad. Nosotros hemos creado esto, nosotras las “civilizadas”. Hemos roto las leyes de la vida. El resultado nos pertenece. ¿Quién vamos a ser ante esto?

Se mi camino. Voy a acabar de crecer, de madurar, de asumir responsabilidad plena. Voy a hacer lo posible para reunirme como un ser humano adulto con la comunidad de la vida.  Rechazar sentir el miedo de uno mismo es solo un disfraz de adolescente indestructible, solo otra faceta de una civilización que ha durado milenios (civilización patriarcal dominadora). A la mierda esto. Es momento de crecer. Estoy preparado.

Siento mi parte justa en el miedo, la tristeza, la ira, la vergüenza y la alegría, y la sensación de estar vivo en un tiempo excepcional. Encontraré y me encontraré con esas pocas personas que ven el camión aproximarse, y se sentarán en círculo y compartirán mi corazón, mis lágrimas, y todas permanecemos juntas de pie y miraremos fijamente el camión mientras se aproxima. Usaré ese miedo para mantenerme alineado, firme en modo respuesta, de forma real.

Usaré el miedo en vez de rechazarlo. Lo usaré para mantenerme despierto, vivo y en acción. Lo usaré como un antídoto a la cultura que siempre busca la forma de mantenerme dormido, anestesiado y atontado. Lo usaré para ayudar a poner fin a esa cultura.

Joder, que bien me siento. Que venga el maldito camión!"

Edades de la humanidad: Infancia Matriarcal, donde la Madre Naturaleza cuidaba de la especie. Patriarcado, basado en la dominación de la naturaleza y "Arquiarcado" como hipótesis de paso a la edad adulta tras el rito de iniciación a la Edad adulta que supone la crisis multisistémica actual.

Con este texto,  declaro que este blog queda cerrado y que me ausentaré de las redes sociales por un tiempo, cerrando permanentemente el muro de mi perfil, y estando presente solo ocasionalmente para gestionar páginas y grupos sobre los que siento cierta responsabilidad. El perfil quedará abierto para mensajes privados, sin garantía de respuesta temprana, eso si :)

Continuaré activo en la Red de Transición, y el sitios como 15-15-15

Salud, y resiliencia.



martes, 1 de marzo de 2016

Relato III: Encrucijada, choque y nuevo equilibrio dinámico



Tercer y último relato de esta serie, en el que vamos a abordar acontecimientos ficticios desde una perspectiva planetaria, y pondremos el punto de mira más en el largo plazo, a diferencia que en los anteriores relatos.


Encrucijada, choque y nuevo equilibrio dinámico




El aire estaba muy húmedo esa mañana, tanto que se me mojaba la cara, podía sentir las gotas de rocío formándose en mis mejillas, lo cual era aliviador, teniendo en cuenta que estábamos a mediados de agosto, y mi piel todavía recordaba el  agobiante mes de julio que habíamos dejado atrás. Como cada día, tras la meditación matutina en mi habitación, bajaba caminando al bosque comestible-vergel del que recolectábamos la fruta para el desayuno. Esa semana, a parte de la recogida, me tocaba preparar el desayuno, junto con otras personas de la comunidad, y servirlo en el comedor colectivo. Los turnos funcionaban bastante bien, nadie llegaba a aburrirse de las tareas cotidianas, y tampoco interfería en otras actividades y trabajos personales de cada persona. Además, era muy agradable la socialización resultante de los sorteos que daban lugar a los turnos. Siendo una comunidad de casi dos mil personas, se puede decir que casi conocíamos por su nombre a todas, lo cual reforzaba y daba la sensación de una gran familia, que pese a los altibajos de la vida en común y de las estocadas de un clima poco predecible, conseguía que nuestra existencia fuese más que aceptable.

A parte de las tareas asignadas en los turnos, tengo otros quehaceres que realizo con mayor continuidad, la docencia, tanto práctica como teórica y el diván, donde básicamente escuchaba atentamente lo que la gente consideraba necesario contar, soltar o requería consejo de un veterano.
En lo que se refiere a las clases, también íbamos rotando cada solsticio, entre un grupo de docentes bastante dinámico. Nadie se cansaba o se quemaba en sus tareas más habituales, o al menos eso intentábamos. Por experiencia, se me solía asignar la biología, la ecología y la historia en las clases teóricas, y el trabajo con la tierra y los animales en las prácticas. La forma de enseñar era del todo diferente a lo que se me ofreció en mi infancia, mucho más interactivo, práctico y flexible, así como con un contacto mucho más directo con las personas que ofrecían sus conocimientos y experiencia.

Este día de agosto, después del servicio de cocina-comedor, teníamos el ensayo final del "cuenta-cuentos", en el que explicábamos de forma amena, como cada aniversario la llegada "al Barranco", lugar donde nos establecimos en 2024. Esta vez era una ocasión especial, pues era el 25 aniversario de nuestra llegada, que fue tan caótica como balsámica, tras largos años a pié, con estancias cortas, en lugares recónditos y variopintos, descartando los mismos tras un estudio detallado de las posibilidades de localizaciones que en primera instancia parecían favorables para un asentamiento.

En nuestra andadura cruzamos los Pirineos, los Alpes y los Cárpatos, en más de cuatro años de travesía. Tuvimos paradas de incluso varios meses, cuando creíamos que un lugar era idóneo para comenzar un proyecto común, pero el tiempo y los acontecimientos nos iba haciendo descartar una localización tras otra. Donde había agua, había guerrillas luchando por establecerse en lugar de cooperar; cuando encontrábamos un lugar tranquilo y aparentemente con un ecosistema sano, alguna sorpresa nos caía como un jarro de agua fría. Caso curioso fue una vez superados los durísimos Cárpatos, dimos con una localización tranquila, con agua abundante y fauna y flora de aspecto vivaz. Esta calma duro unas semanas, lo que tardaron el grupo de rastreo, localización y cartografiado en darse cuenta que estábamos a unos escasos 10 kilómetros de una central nuclear abandonada. Por ello no había un alma humana por allí, la zona había sido desalojada, y señales en cirílico, que no entendimos en primera instancia, rodeaban el enclave.

Pero, toda esta historia  narrada tenía un cometido claro, hacer entender a las nuevas generaciones como habíamos llegado a este paraje, como nos habíamos acabado juntando casi dos millares de personas de más de 17 países (si, también teníamos que explicar que eran los "países", pues casi llegando a 2050 ese término se había disuelto como un azucarillo); que nos empujó a una migración de tal calibre, el porqué de nuestra forma de vida actual, en fin, tantos detalles y matices, que la construcción de este nuevo imaginario colectivo se iba puliendo y mejorando cada año, como un libro con páginas en blanco, o con párrafos abiertos a la edición por parte de la comunidad.

Estos relatos se venían adaptando según al rango de edad o la sensibilidad de las personas que escuchaban, dando más o menos detalle, con mayor o menor dureza y carga en el diagnóstico, a fin de que fuese progresiva la toma de contacto con la crudeza de los acontecimientos que habíamos vivido el anterior cuarto de siglo.

Por suerte, manteníamos contactos fluidos y enriquecedores con al menos 4 grupos estables más, y con otros semi-nomádicos, los cuales eran de vital importancia para esta comunicación, para el intercambio de conocimientos y personas, lo cual incrementaba nuestra resiliencia, nuestra diversidad, y nos permitía viajar, de forma lenta, pero muy enriquecedora, con estancias en otros asentamientos, después de las cuales muchas personas acababan quedándose en el lugar por largo tiempo.

En este camino de re-descubrimiento de la humanidad, de vuelta al equilibrio con los ciclos naturales ¿Qué había funcionado y que no? ¿Qué habíamos dejado atrás y superado?

Estábamos viviendo una auténtica recomposición de la corteza de Gaia, la madre tierra. La batalla o baile, según se enfoque, entre la biosfera, la geosfera y la antroposfera, que rigen el metabolismo del planeta Tierra habían convulsionado agresivamente entre 2015 y 2040, nada más y nada menos que 25 años de caos a todos los niveles para redefinir los nuevos equilibrios dinámicos, quien sabe si estables o no, que regirían un nuevo tiempo. Enmarco esas fechas porque a partir de 2040, una de dos, o se estabilizó el metabolismo, o nos hicimos a los ritmos cambiantes de los ciclos naturales.

En lo climático, los años de grandes seguías, de fenómenos extremos y de subida desbocada de la temperatura pareció estabilizarse, según especulamos, parece que retroalimentaciones dirigidas por los reinos vegetales y bacterianos detuvieron y actuaron como solución amortiguadora o tampón frente a las retroalimentaciones desatadas por las emisiones resultantes del capitalismo industrial. Las cascadas de extinción y el declive de la biodiversidad aparentemente se detuvo, al menos en la región donde nos establecimos. Por motivos obvios, somos incapaces de medir la temperatura en la que estamos en comparación con niveles pre-industriales, o el porcentaje de especies extintas, lo cual nos hace ir a ciegas, y no saber si estamos en un "plateau" o ralentización hacia otro estado, pero el presente lleva años siendo algo más confortable, lo cual nos llena de vida para continuar.

Respecto a lo social, la década entre 2015 y 2025 fue la más agitada, y por suerte o por desgracia de estos años, o al menos de los primeros, si conservamos información contrastada sobre lo acontecido. Grandes migraciones por conflictos bélicos, escasez de agua y otros recursos. Desmoronamiento de la megamáquina capitalista, que tuvo 3 "infartos", el primer amago en 2008; el segundo, en 2016-2017, que dejó al paciente en coma e intubado, pero al cual "le latía el corazón", y por desgracia su metabolismo seguía degradando la biosfera y forzando el clima, y el último y definitivo que llegó en 2021, cuando ni siquiera las élites económicas que se habían ido beneficiando del saqueo generalizado pudieron mantener su confort, y todo saltó por los aires. En el periodo entre el segundo y tercer shock fue cuando se vivieron los conflictos bélicos más duros, primero una serie de guerras por los recursos energéticos, recrudecidas hasta el saqueo puro y duro, en las que se llegaron a detonar bombas nucleares y de hidrógeno de forma "localizada"; y más adelante guerras migratorias, civiles y de subsistencia, las bautizadas "guerras de la miseria", que se cobraron centenares de millones de vidas por inanición y falta de agua, y además, casualmente acabaron con la caída definitiva del sistema capitalista.

En lo que concierne a la energía, según los datos de los que disponemos, se alcanzó el pico de "todos los líquidos" derivados del petróleo en 2015-2016. Esto empujó no solo al resto de fósiles dependientes del oro negro para su extracción, transporte y distribución, sino a renovables de gran escala (aerogeneradores, fotovoltaica...). A fin de cuentas, estas también dependían directa o indirectamente del petróleo al igual que las fuentes fósiles antes mencionadas. También los recursos minerales fueron escaseando más y más por la misma causa y acentuada por los rendimientos decrecientes, convirtiéndose en minas improvisadas los vertederos primero, y las grandes ciudades después.

Esta fue la dinámica en los primeros años tras el pico, abrupta e inesperada. Las siguientes décadas fueron muy duras, tratando de reintegrar el metabolismo de sociedades humanas cada vez más disgregadas en los ciclos ecológicos. Por desgracia, en la gran mayoría de intentos fue un fracaso estrepitoso. Sorprendentemente, el ingenio de la necesidad hizo que otras, tras el aterrizaje forzoso y con esfuerzos inimaginables, fruto del trabajo colectivo y la cooperación, consiguieran cerrar los ciclos. La biomasa, el trabajo animal y humano fueron la base del éxito de estas estrategias. El compostaje fué clave, tanto para la producción de materia orgánica para la regeneración de los maltrechos suelos como por el biogás, que se convirtió habitual en las cocinas de casi todos los hogares.

Las formas de vivir del ser humano sufrieron cambios muy drásticos. En los primeros años, las resistencias a aceptar la realidad trajeron de la mano mucho sufrimiento. El apego de las sociedades otrora opulentas a las grandes ciudades y la alienación de los ciclos ecológicos fueron casi mayor desgracia que la escasez generalizada. La  mayoría de la gente no sabía como producir sus alimentos y por supuesto, no esperaba que sucediese un cambio tan brusco. La idea de un futuro hiper-tecnológico se había expandido, a raíz de la propaganda incansable de los medios de comunicación y la industria cinematográfica. Otra "estrategia" que triunfo debido al mensaje permeado por el sistema económico fue la búsqueda de salidas individualistas a la crisis, con el movimiento preparacionista o "preper", que en los EE.UU arraigó con mucha fuerza. Como era de esperar, esta mentalidad acabó en un polvorín allí donde imperaba, convirtiendo a estas regiones en infiernos mundanos.

Por suerte, en muchos otros corrieron mejor suerte, pese a que no se libraron de largos años duros. Todas los lugares de ejemplo y manifestaciones prácticas minoritarias, como las ecoaldeas, los pueblos en transición, la permacultura (y muchas otras formas de agricultura regenerativa) y las iniciativas orientadas en la dirección de resiliencia comunitaria fueron como pequeños espejos donde mirar e imitar, sobre todo tras la bifurcación de quiebra del sistema capitalista globalizado. Movimientos muy minoritarios que tenía poco impacto y visibilidad, subieron como la espuma, ya desde los últimos años de la década que terminaría en 2020.

El papel de las mujeres fue inconmensurable, y las labores de cuidados fueron puestas en valor llegados los años más duros. Este emergente eco-feminismo supuso el fin del patriarcado, no sin brega y choque, a golpe de resultados se observó la necesidad de reequilibrar los arquetipos femenino y masculino, y con ello terminar con los patrones de dominación que habían llevado a la biosfera, y con ello a la humanidad al desastre.

No solo fueron cuestiones prácticas las que supusieron el aguante ante el chaparrón de las estrategias comunitarias generadoras de resiliencia, también fue de importancia supina el trabajo a nivel interior de las personas involucradas en la creación y generación de formas de vida alternativas que lucharan por la dignidad, tanto humana como del resto de seres vivos que conforman los ecosistemas. La re-integración del ser humano dentro del metabolismo ecológico fue como un parto complicado, pero que a día de hoy podemos considerar exitoso. Realmente no sabemos lo que va durar esta "estabilidad", y tampoco nos preocupa en exceso, dado que fruto de ese trabajo interno hemos interiorizado la impermanecia o transitoriedad como una de las máximas de la vida, y por ende de nuestra existencia. Hacemos hincapié desde bien pequeños en la escuela en el desarrollo de una espiritualidad, presencia y sobriedad que alimente la conciencia y la sobriedad para los tiempos que vivimos, y viviremos.

¿Cómo podemos describir esta nueva filosofía de vida? Pues autores como Carlos de Castro, ya hace  más de 30 años la llamó "Gaiarquismo", hay quien habla de "eco-budismo" y "eco-taoísmo", debido a la importante influencia de las filosofías orientales. Pero la realidad, es que es mucho más complejo, y las etiquetas seguramente no ayuden a describir la nueva conciencia incipiente y en constante evolución.  También tenía grandes dosis de estoicismo y del pensamiento de Epicuro. La psicología también tiene un peso importante, la integración de la sombra tratada en los trabajos de Jung y muchas otras personas en psicología analítica fueron claves, y siguen siéndolo, de cara a la evolución personal y adaptativa que experimentamos de forma continua.

Todo esto alimentó el nuevo y vivo imaginario que nos trajo hasta el "Barranco", y que seguirá en fase de "prueba y error", al más puro estilo del método científico, que integra puntos de vista y sensibilidades tan dispares como complementarios. Esta complementariedad, confluencia y retroalimentación es clave. Es una lección que tenemos bien aprendida.










domingo, 7 de febrero de 2016

Relato II: La Gran Guerra por la Energía



En este segundo relato de ficción vamos a aumentar el marco, de regional a internacional, centrándonos en eventos relacionados con la energía y la geopolítica, y sus impactos en las sociedades humanas. La intención de estos relatos es despertar conciencias y poner sobre la mesa riesgos y situaciones tangibles para hacer pedagogía, no para predecir el futuro.



La Gran Guerra por la Energía





A prácticamente ninguna persona que estuviera algo despierta se le escapaba ya que había comenzado una vorágine que difícilmente permitiría continuar viviendo dando la espalda a la realidad, pegando patadas hacia delante, aplazando un poco las consecuencias del ritmo de vida que marcaba el capitalismo industrial, recrudecido hasta la locura en la primera década del siglo XXI. Las grandes migraciones de poblaciones humanas habían despertado reacciones de toda índole en la vieja Europa, lo que presagiaba el inicio de una transición a algo diferente, sin que nadie imaginará lo que finalmente aconteció.

Se acercaba el solsticio de verano en el año 2016, la primera mitad de este año había sido anómalamente convulsa y agitada en diferentes ámbitos, pero lo que sucedió entonces solo aceleró los acontecimientos inevitables, abrieron la válvula de escape a una presión insostenible, que tarde o temprano se iba a desatar. La retórica entre Arabia Saudí e Irán, que había estado subiendo de tono de forma sostenida, y que por el momento se había mantenido dentro de la guerra subsidiaria o "proxy" que tenía lugar en los territorios de Yemen, Siria e Irak, escaló de forma abrupta. Las élites de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes, en un intento desesperado por mantenerse en el poder, y tras unas semanas de fuerte agitación social, apretaron el "botón del pánico", y decidieron apostar por un enfrentamiento directo. De forma poco ortodoxa sabotearon una de las principales explotaciones petrolíferas de Irán, disfrazando de atentado islamista, lo que pronto se convirtió en "Casus belli" de un conflicto fractal, que acabo involucrando o al menos afectando a todo el globo.

Irán, tras lo sucedido no tardó en responder de forma tajante a la agresión Saudí, y fue directamente a por el campo petrolero más importante del país vecino, Ghawar, lanzando un ataque rápido con misiles de media distancia, que tuvo un efecto suficiente para suponer un parón en la producción de crudo que hizo que todas las potencias globales se tuvieran que posicionar en el conflicto ante la magnitud de los acontecimientos. Pese a que muchas voces decían que Ghawar estaba por entrar en declive, y rápido, lo sucedido no entraba en las previsiones de ningún analista, ya fuese de energía o de geopolítica, por lo que supuso un "Cisne Negro" de una magnitud sin precedentes en la historia reciente.

Por lo pronto, la guerra contra el ISIS, que tanta atención había despertado en los medios de comunicación, desapareció como si nunca hubiera existido. El hecho, más tarde demostrado, de que Arabia Saudí, Turquía y los Emiratos estuviesen financiando al Estado Islámico para intentar controlar Siria, país de paso, dejó de cobrar interés, pues el enfrentamiento se tornó directo y a cara de perro, y la gravedad de la situación hizo que solo se atendiera al momento presente.

La OTAN, capitaneada por los EEUU entro de lleno en el conflicto, y no de la mano de Arabia Saudí, como podíamos haber presumido, ni de la mano de Irán; no, entro por libre y sin ningún tipo de miramiento. El hecho de que la producción de crudo de saudita hubiese entrado en declive, y que hubiesen apostado por el conflicto bélico sin la autorización de eje del imperio de la globalización corporativa hizo que no temblará el pulso a la hora de bombardear las principales ciudades e infraestructuras militares de ambos contendientes. Esa contundencia desmedida, fue esgrimida como escarmiento para el resto del mundo. El poder económico dejó claro que no iba a dejar por las buenas que cada Estado nación tomara decisiones por su cuenta, sin su beneplácito. Ese mensaje lo entendieron los mandatarios de grandes países como China e India, que decidieron blindar sus intereses, pero sin caer en una trampa que hubiese desatado una guerra a mayor escala, y bastante tenían con intentar mantenerse en el poder frente a una conflictividad interna creciente en un contexto donde el hambre cada vez estaba más presente.

Tras los bombardeos en Arabia e Irán, se enviaron tropas, no solo a oriente medio, también a otros lugares del globo, allá donde había un recurso del cual asegurar el suministro y flujo hacía quien podía pagar, pero siempre evitando un choque demasiado directo con otros "gallos" regionales, como Rusia o China, o al menos localizándolos en un conflicto "proxy" o repartiéndose los pasteles en despachos oscuros.

Fue un saqueo en su máxima expresión, pero los medios se encargaron de desinformar a la opinión pública occidental. Entre esta distorsión informativa, y la disonancia cognitiva que supuso el no querer entender que es lo que estaba sucediendo, solo mantener a toda costa la seguridad y el estilo de vida, las sociedades opulentas occidentales aceptaron en su mayoría el ultraje, vendido como "defensa de la cultura occidental frente al embargo energético promovido por países islamistas anti-democráticos". El auge de partidos de corte xenófobo e inmovilistas en las elecciones de diferentes países fue generalizado, mientras que la izquierda tendió más hacia la autogestión y la creación de estructuras al margen del Estado, entre otras razones por que la presión de los acreedores era tal, que cualquier opción que se auto-etiquetaba de izquierdas, quedaba retratada por su obediencia sumisa en las primeras semanas tras su elección, siendo Syriza en Grecia el ejemplo paradigmático.

Paralelamente, una acentuación de la deriva autoritaria y de perdida de la soberanía política, en favor de los acreedores enrareció mucho el clima social, y las "versiones oficiales" comenzaron a caerse a trozos. El cierre de Internet libre, pasando a una red en la que debías acceder con tu DNI o pasaporte electrónico, donde los movimientos eran monitorizados y las multas y bloqueos iban a la orden del día, supuso una oleada de disturbios, sobre todo de poblaciones menores de 40 años, acostumbradas a informarse por Internet, o simplemente con una innegable adicción a la red, obviamente, el elevadísimo paro y el comienzo de desabastecimiento de ciertos productos empujaron con más rabia si cabe a la protesta callejera.

El clima de inseguridad en las ciudades acentuó el flujo migratorio hacía el mundo rural, y en todo el mundo el control de los gobiernos se iba disolviendo lentamente debido a la multiplicación de los frentes en los que volcar las cada vez más escasas energías y recursos. El control de la sociedad civil fue perdiendo efectivos hacia en control de fronteras frente a las oleadas migratorias y junto a las demandas de efectivos de la Gran Guerra de la Energía, donde el poder económico dictaba las políticas militares de la mayoría de Estados agresores.

En territorio de la Unión Europea, que para 2018 era ya un esqueleto vacío, cual Torre de Babel, se vieron respuestas dispares ante las olas migratorias, ya fueran intraestatales, comunitarias o extracomunitarias. En grandes ciudades y lugares con fuerte importancia económica e industrial la tendencia fue a la exclusión, represión y centrifugación de las personas desplazadas. Este modelo caduco y rígido cada vez era menos capaz de retener a la población, pues los recursos menguaban y el descontento latente provocaba un goteo incesante hacía el exterior de estas regiones.

Por contra, en áreas más alejadas de grandes núcleos poblacionales, la tendencia fue la contraria. Se organizaron redes autogestionadas de bienvenida y reubicación de migrantes, de reparto del trabajo y apoyo mutuo. La realidad era que no faltaba trabajo en estos lugares, ya que se estaba desplegando un esfuerzo sobrehumano en reactivar redes de economía local y ecológica. Las iniciativas que en las décadas anteriores se habían desarrollado como ejemplos y manifestaciones de formas alternativas de vivir, de consumir y organizarse, tales como las cooperativas integrales, los pueblos en Transición, las ecoladeas y pueblos rehabilitados, se habían propagado como setas, no solo en Europa, si no a lo largo del globo.

Las personas procedentes del continente africano y del suroeste asiático resultaron ser una bendición allá donde se asentaron en el viejo continente, pues sus conocimientos de agricultura y pastoreo estaban frescos, y su contacto con la naturaleza y sus ciclos bien vivos. Este saber se fusionó con el bagaje y formación científica y social de la juventud de muchos países occidentales, dando lugar a una esperanza de nacimiento de sociedades en equilibrio dinámico (1) con la biosfera, que fueran capaces de capear y sobreponerse al caos climático y al colapso ecológico, que dificultaba el proceso de adaptación, pero que daba rienda suelta a una creatividad orgánica y consciencia profunda de la situación.

(1) Relato III

jueves, 14 de enero de 2016

Relato I: España no fue Grecia, fue Ucrania

Estreno nuevo apartado de entradas, tipo relato de ficción, en las que se narrarán escenarios plausibles, sean distópicos o utópicos, con la intención de hacer pedagogía, advertir de tendencias y riesgos, e invitar a la reflexión. No hay intención de meter miedo o hacer entrar en ensoñación, pero a veces apelar a sensaciones humanas potentes puede servirnos para llegar a más personas, y si hay suerte que el mensaje cale, y evitemos los escenarios más duros, y tomemos la iniciativa, empujando hacía otros más amables con el ser humano y el resto de la biosfera.

En este primer relato, vamos a tratar el ámbito regional, con tintes políticos y sociales, pero dando pinceladas del contexto global y de otros aspectos relevantes para contextualizar el marco de la historia narrada.

España no fue Grecia, fue Ucrania




En la primavera de 2019, ya nadie dudaba que el mundo y la sociedad en la que vivíamos, e íbamos a vivir en adelante era radicalmente diferente a lo que conocimos hasta finales de la primera década del siglo XXI. El panorama social que se presentaba en la península ibérica era muy dispar, desde escenarios dantescos en grandes núcleos urbanos a pequeños resquicios de tranquilidad y sobriedad, en plena transformación y construcción, que tenía lugar en pequeñas ciudades y pueblos autogestionados.

Pero, ¿Cómo llegamos hasta esta realidad bipolar?

Muchas personas ven un punto de inflexión político y social en el año 2016, donde tras el desplome de los mercados financieros, y la sucesión de quiebras Estatales y Corporativas fruto de una espiral deflacionaria que estuvo "fermentando" durante los dos años anteriores, se radicalizó la realidad política de prácticamente todo el mundo, ya que la figura de los "Estados Nación" prevaleciente hasta la fecha, aunque en proceso de degradación constante, se volvió profundamente caduca, y en su agonía por perpetuar su poder, se desató una extensa colección de conflictos regionales internos, que hacían de comparsa a la "Gran Guerra por la Energía"(1), desviando en todo el mundo el foco de atención, dejando manos libres para hacer y deshacer al poder corporativo global en el saqueo más flagrante e inhumano de la historia de nuestra especie.

En España, justo durante los meses de caída del sistema económico global, se estaba cociendo el caldo que daría lugar a los 2 años y medio más convulsos desde la Guerra Civil. Las bases de esta situación se asentaron sobre dos pilares, uno el gobierno de coalición entre la terna PP-PSOE-Ciudadanos (este último quedó retratado como una mera herramienta para apuntalar las exigencias de "estabilidad" de los acreedores demandaban al Estado), o como ahora se le llama popularmente, el "gobierno de campo de concentración", que se justificó con el otro pilar, el que se llamó por parte del poder económico y político español, "el desafío secesionista Catalán". Esta otra "pata" de la situación, casualmente fue otro gobierno de coalición, en este caso en Cataluña, que integró a tan dispares actores como son CDC (parte de CiU), a ERC y a las CUP, que más tarde se escindieron, fruto de las incoherencias discursivas en las que incurrieron debido a la sofocante presión mediática a la que fueron sometidas desde los medios controlados por la burguesía catalana.

Esta realidad dio lugar al "frentismo", y con ello a la polarización de parte de la sociedad que cayó en la trampa elaborada por los poderes económicos y políticos que ambos pilares entramaron tan cuidadosamente mediante sus medios de desinformación. La cuestión no hubiera ido más allá de meras discusiones y tensiones de no ser por la profunda depresión económica en la que se vio sumida todo Occidente, y que afectó de manera especialmente virulenta a los países más endeudados  y dependientes de la importación de energía del exterior, como era el caso del Estado Español.

En concreto, la caída en desgracia de Argelia, uno de los principales proveedores de gas de España, y la crisis de deuda soberana del Estado Español, supusieron el inicio del conflicto, que se alargó por más de dos años. Desde el gobierno de Madrid, se culpó a Cataluña de la quiebra estatal, olvidando el endeudamiento al que los mismos que gobernaban habían llevado al país; mientras, en Cataluña, señalaban a Madrid como responsables del estrangulamiento económico y energético al que se estaban viendo sometidos. A finales de 2016, la autonomía de Cataluña fue derogada por el gobierno central, cerrándose gran parte de la financiación catalana; por contra, desde Barcelona, se siguió avanzando en "El Proces", creando su propio fisco, que sirvió para mantener parte del capital que sostendría, eso si, muy debilidada, a Cataluña.


Gran parte de la población "compró" este discurso exculpatorio vociferado a bombo y platillo por las televisiones, los periódicos y otros medios de comunicación, lo que supuso un auge sin precedentes de las tensiones sociales, y una radicalización de no solo los dos contendientes del "frentismo", sino que afectó, positivamente en la opinión de mucha gente, al discurso de la izquierda emergente, que por fin abrazó el Decrecimiento y la Transición como estrategia en este contexto tan convulso. Ello supuso que, en un contexto de bipolarización, surgiese un tercer flanco, que para suerte de parte de la sociedad, se unió a la construcción de alternativas de base, alejándose del enfrentamiento promovido desde el poder económico y político imperante. 

Durante casi un año, vimos en el congreso, tanto en el de Madrid como en el de Barcelona, discursos de ecología política, municipalistas, anticapitalistas y verdaderamente transformadores, que no caían en la lógica del "frentismo", y que cuya voz se veía reducida a fuentes on-line y activismo callejero. Influencias de personas como Riechmann en Podemos y las confluencias, sorpresivamente ganaron enteros frente a los Navarros y Torres conforme la depresión económica y el estrangulamiento financiero imposibilitaron el endeudamiento necesario para llevar a cabo sus propuestas Neokeynesianas.

Pero esta situación se acabó pronto, pues a mediados de 2017, el "gobierno de campo de concentración", cada vez más cohesionado, cual Can Cerbero, con sus tres cabezas promulgo una serie de leyes express para ilegalizar lo que llamarían "antisistemas decrecionistas" (véase que en vez de usar el término "decrecentista", usaron una deformación de la palabra que sonoramente podía asociarse a "creacionista", toda una lección de neolengua). Pronto con la aplicación de la nueva ley se expulsó del congreso el discurso incómodo para el mantenimiento del crecimiento económico en el altar que los acreedores apuntalaban para sus intereses, y desde el cual se justificaban tropelías tan absurdas como inefectivas en un contexto de caída libre, y de "decrecimiento infeliz" desbocado.
Curiosamente, mientras el president y su consistorio en Cataluña mantuvieron el TTIP en la agenda, no había habido enfrentamiento directo; pero cuando se suspendió la aplicación del tratado, al caer el gobierno de coalición, todo se aceleró, y el apoyo internacional cayó del lado del gobierno Español. En esta etapa los cambios en el "gobierno de campo de concentración" fueron ya poco disimulados, y a cara de perro. Entraron elementos de extrema derecha, filo-fascistas y xenófobos en el ministerio de defensa, de forma similar a la acontecida en Ucrania, y otros ministerios como el de Industria y fomento fueron tomados por grandes personalidades del IBEX35, justificándose la necesidad de perfiles tecnocráticos dada la delicada situación. Bajo este paraguas, también se aplazaron elecciones hasta nuevo aviso, dado que según el gobierno, la mayoría amplia que otorgaba el tripartito dotaba de la estabilidad necesaria que necesitaba el país.

Fue a partir de entonces cuando se recrudeció el conflicto, con un congreso homogéneo en el que el "desafío catalán" y los "antisistema decrecionistas" eran los únicos problemas que eran considerados. Fue en Septiembre de 2017, días antes la Diada en Catalunya, jornada en la que presumiblemente se declararía la independencia de forma unilateral, cuando se dio la orden de entrar con el ejército a "defender la integridad" del Estado Español. Una integridad, que por cierto, solo existía ya en la mente de sus señorías y de las minorías que podían mantener a duras penas su nivel de vida, a base de una exclusión social sin precedentes.
 
La entrada en Cataluña fue algo bastante efímero, pero muy agresivo y violento, causando una verdadera batalla campal, que se saldó con numerosas bajas en ambos bandos, pero sobre todo pérdida de vidas civiles que solo tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado. Dada la carestía de mantener una ocupación y las exigencias por parte de la OTAN de presencia militar española en Argelia y Mali, pronto se retiró el ejército. Entonces, el Estado Español cambió de estrategia, asesorada por la OTAN y los acreedores, se planificó un aislamiento total de Cataluña, y las pocas fuerzas armadas que se mantuvieron en territorio peninsular, fueron para bunkerizar un gobierno con cada vez menos apoyo en sus pocos bastiones.


En el comienzo del verano de 2018, gran parte de las sociedades en la península ya se las apañaban al margen del Estado, que solo era medianamente operativo en las grandes ciudades y en lugares estratégicos por motivos económico o energéticos. Esta debilidad progresiva, dio lugar a la emergencia de redes de colaboración y apoyo mutuo que trabajaban duramente en pro de generar resiliencia comunitaria, y que de forma esporádica, se veían sorprendidas por los tentáculos del Estado, desarrollándose en toda la península y en las islas enfrentamientos tipo guerrilla, que pronto se disolvían por la escasez de fuerzas de ambas partes, y sorprendentemente por un incremento esperanzador en la deserción en las fuerzas armadas, no sabemos si por los retrasos en las nóminas o por el simple desgaste y deslegitimación de un régimen que ya solo se preocupaba por mantener sus islotes de riqueza protegidos por mercenarios a sueldo. 

Grandes migraciones se produjeron en un éxodo rural sin precedentes, quedando las ciudades muy despobladas, como vertederos de los cuales hacer minería urbana y como guetos donde reinaban contrabandistas de toda índole. Hasta llegar a este punto, se paso por años durísimos, en los que la población más frágil, dependiente de atención sanitaria y medicamentos pereció sin oportunidad alguna.

Nunca imaginamos la velocidad de un colapso civilizatorio que muy pocos visualizaban en el corto plazo, y cuya vorágine de acontecimientos asumieron una suerte de curva exponencial. Recién entrado el 2019, la máxima preocupación en las islas de ruralidad era la escasez de agua y la falta de estacionalidad debida a la disrupción climática, pues todas las personas recordaban la gran sequía que entre 2017 y 2018 provocó la pérdida de gran parte de las cosechas, y con ello una hambruna sin precedentes. Por suerte, después vino un periodo con grandes lluvias, y en muchos sitios ya habían puesto a punto sistemas y diseños para la captación y gestión del agua, que dieron un respiro a la crisis hídrica.

Las noticias que llegaban de fuera lo hacían con cuentagotas, y en muchos casos con información contradictoria, por lo que se hacía difícil saber que estaba sucediendo. Parecía que la primera oleada del colapso se había capeado, la energética-económica, y con su caída, se habrían puertas a nuevas formas de convivencia, y se detenía el forzamiento climático, aunque sus inercias sospechábamos que traerían cola. Como ya pasó con la caída de la Unión Soviética, la rapidez en la desaparición del modelo hegemónico, en apariencia inamovible, sucedió orgánicamente, y nuevas estructuras emergentes se visualizaban germinales a nuestro alrededor.

Por desgracia, otras crisis también se oteaban en el firmamento debido a la brutal extralimitación en la que se había visto inmersa la civilización capitalista globalizada, la climática y la ecosistémica, que llevaban a la hídrica en brazos; pero el hecho de haber superado, aun duramente el primer envite, y encontrarnos en una posición de dignidad y sobriedad, nos llenaba de optimismo para seguir viviendo día a día, trabajando y reparando los maltrechos suelos, en contacto diario con la tierra nutricia que tan agradecida con nuestra especie se había mostrado a lo largo de nuestra breve existencia.



(1) Relato II

jueves, 17 de diciembre de 2015

Idiofascismo y Anticientifismo: Histeria y estupidez ante el declive del capitalismo Industrial



Cada vez es más evidente el cambio de estrategia, y el contraataque del pensamiento económico imperante frente a las alternativas germinales que van postulándose como intentos de recambio o viabilidad frente a su inevitable decadencia. Este contraataque, consciente de la imposibilidad de mantener el formato actual (crecimiento y globalización) por imposibilidad física, se adapta y empuja hacia otras formas de perpetuar su dominación en un contexto de decrecimiento y retorno a lo local.

El crecimiento económico y el imperio del mercado han sido, y todavía son los pilares de la civilización capitalista industrial globalizada. Pilares que son dogmas, incuestionables en los medios de masas y ante la opinión pública, como bien enmarcó una de las promotoras de este sistema, Margaret Thatcher, “there is no alternative” (no hay alternativa), y en eso se ha ido trabajando, acotando el imaginario colectivo hacía una mercadolatría en la que los propios mercados proveen sabiamente, en virtud de la consecución del sacrosanto crecimiento económico. Una de las patas que sustentan este mito de civilización es el del progreso, lineal y unidireccional, hacía delante y hacia arriba, basado en el avance tecnológico como solución a todos los problemas y disfunciones que pueda causar una naturaleza de la que se nos ha separado y alienado. Un progreso tecnológico desligado de la realidad física, independiente de la disponibilidad energética y de recursos minerales, fruto de un ingenio humano que según este dogma, no conoce límites. 

Bajo esta ideología tecnócrata de mercado, subyace el antropocentrismo, que pone al ser humano, concretamente al hombre, en el centro de todo, girando a su alrededor el resto de la existencia. También encontramos, un profundo desconocimiento y desprecio de la ecología, y con ello de los ecosistemas que sustentan la existencia de todos los seres vivos, incluido el ser humano. Con desprecio e ignorancia, no es de extrañar el estado actual de degradación del planeta, tanto los ecosistemas, como el sistema climático se encuentran bajo un forzamiento sin precedentes, que empuja a grandes sufrimientos a la mayor parte de la biodiversidad, incluyendo al género humano.


Reacción y sombra del Mercado


Podemos observar una tendencia en aumento en el argumentario de establishment económico, de sus seguidores y de parte de la sociedad que continua con una suerte de Síndrome de Estocolmo. Esta tendencia es el ataque y acusación dereligión o secta a la comunidad científica, o al menos a la parte contestataria que cuestiona la posibilidad de continuar creciendo, habla de límites biofísicos, desigualdades crecientes y necesidad de cambio paradigmático de cara a evitar los peores escenarios de un colapso civilizatorio y ecosistémico ya en marcha.

Esta reacción puede que sea simplemente una proyección de la propia sombra del sistema, sombra en un sentido jungiano, es decir, lo que el sistema esconde es lo que utiliza como arma arrojadiza contra quien le cuestiona con bases sólidas. Resulta irónico e incluso ridículo que se acuse de religión a la ciencia, y más viniendo de aquellos que creen en el crecimiento económico perpetuo y el progreso material en un planeta finito.


Estos ataques se caracterizan por su histerismo, su irracionalidad y la bajeza de sus argumentos, con la intención de apelar a la rabia, a la reacción como válvula de escape, frente a la reflexión, la aceptación y la consciencia de la complicada situación que vivimos. No es sencillo, ni agradable enfrentar y digerir el contexto actual, realizar la diagnosis y frente a la crudeza, seguir adelante, construyendo alternativas. Lo sencillo es culpar  únicamente a agentes externos, como minorías, y no comenzar cambios profundos, que requieren derruir constructos mentales y psicológicos que todas las personas tenemos al haber crecido en un sistema, que ya no se sostiene, y al que la mayoría se apega como única posibilidad.

Prueba del triunfo de este discurso estúpido, simplista y culpabilizador excluyente es el auge de personajes como Donald Trump, multimillonario que se postula como candidato republicano para las elecciones generales que tendrán lugar en los EE.UU a finales de 2016. El núcleo del decadente imperio elegirá nuevo consistorio, y se pondrá a prueba la cuestionable madurez de su sociedad para enfrentar los grandes cambios que estamos viviendo. El discurso xenófobo, negacionista climático, patriarcal, rancio e inmovilista de Trump, exponente y caricatura del republicano,  anticientífico, tradicionalista y soez, gana enteros en la carreraelectoral, que en la otra cabeza del bipartidismo yankee, el partido demócrata, no parece estar tan claro, habiendo una posibilidad aparentemente decente como sería Bernie Sanders. El tiempo dirá quien toma las riendas del jinete desbocado en el que se está tornando y tornarán los EEUU.

Mientras tanto, en la Unión Europea se planifica un cuerpo militar-policial supranacional con la intención de blindar las fronteras externas, para seguir avanzando con ímpetu hacia el autoritarismo, acentuado tras los atentados acontecidos en la capital francesa. Al mismo tiempo, la miseria y la exclusión se disparan en todo el mundo, y el avance y empeoramiento de los conflictos por la lucha y acceso a los recursos energéticos se hace más tangible.

En este contexto, presumiblemente veremos como el optimismo por el progreso material característico de la tecnolatría capitalista avanza hacia su opuesto categórico (que no cualitativo), el anticientifismo reaccionario, conforme la degradación social, ambiental y climática vaya profundizándose fruto del antropoceno.  Estos cambios de fase entre opuestos complementarios son un patrón muy repetido en la naturaleza, y muy observado por el pensamiento oriental, simbolizado con el conocido Yin-Yang.


El idiofascismo, con base en la perpetuación de la ignorancia y brutalización de la sociedad en beneficio de una élite que guarda el conocimiento para su propio beneficio, mientras alimenta con desinformación y manipulación a una sociedad embrutecida que se niega a mirar a la cara a los problemas reales que enfrentamos como civilización. Masa social que se niega a hacerse responsable, pastoreada por auténticos déspotas anticientíficos y populistas que culpabilizan a minorías, apuntando y descargando la rabia sobre ellas, a fin de perpetuar su estatus dominador. El idiofascismo de la mano del neofeudalismo corporativo con tratados como el TTIP, de la estandarización social y el sometimiento y destrucción del medio ambiente, como huída suicida hacia delante.


Puntualizar que la ciencia, fruto de la experimentación y observación, no es más que el reflejo de nuestros sentidos, es decir la percepción de la realidad que tiene lugar en nuestro mente de simio erguido, y que por lo tanto no son verdades absolutas e inamovibles, sino pistas de por donde van los tiros, racionalización de la realidad que podemos percibir como seres humanos. La ciencia es muy importante, pero no la única fuente de conocimiento de la realidad.  El dominio absoluto de la razón ha obnubilado nuestro avance errático hacia un precipicio cuya profundidad nos es desconocida, pero la renuncia y abandono de la misma nos condenaría sin remisión a la desaparición como especie. Por ello, se hace necesario complementar la razón científica con la intuición propia del misticismo oriental, como apunta de forma soberbia Fritjof Capra en su “Tao de la física”, de cara a la gestación de un nuevo paradigma que permita, si las circunstancias lo permiten, que la humanidad perdure como tal, y no como un engendro oscuro neomedieval, que incremente el sufrimiento y la dominación entre seres humanos y para con la biosfera.

En un marco de declive de recursos físicos, el único recurso infinito es la estupidez humana, y las vacunas  frente a su hegemonía la pedagogía, la solidaridad, la compasión, la humildad, el espíritu critico, y la autocontención. Sembremos a nuestro alrededor, luchemos con sobriedad y energía hacía la edad adulta de la humanidad, frente a las inercias sistémicas que nos empujan desde la adolescencia de nuevo hacia la infancia, como si eso fuese posible posible sin perecer en el intento.