domingo, 5 de octubre de 2014

El Fin de una Era

En esta entrada, traigo traducido un artículo publicado en ZeroHedge el 26 de Enero de 2013, en respuesta a aquellos que tachan con etiquetas despectivas el mensaje por el decrecimiento ordenado, que en realidad no es más que un intento de evitar un colapso al que no podemos poner fecha, ni acertar cual será el desencadenante, pero que sin duda, si no cambiamos radicalmente el paradigma en el que estamos anclados, tendrá lugar  de forma inevitable;

El artículo se basa en el estudio de Tullet Prebon titulado:

                

Escrito por el Dr. Tim Morgan, Tullet Prebon:

La economía tal y como la conocemos está enfrentando una confluencia letal de cuatro factores críticos – el pinchazo de la burbuja de deuda más grande de la historia; el desastroso experimento de la globalización; la manipulación de datos hasta el punto de que las tendencias económicas están falseadas; y, lo más importante de todo, la aproximación al borde de un acantilado en cuanto a retorno de energía se refiere.

A causa de la tecnología, de la cultura y a través del cambio económico y político, la sociedad es más cortoplacista que nunca antes en la historia conocida. Los mercados financieros pueden llevar transacciones en milisegundos. Con cobertura informativa las 24 horas del día, el foco mediático ha cambiado de forma inexorable de lo analítico a lo inmediato. La base de los cálculos políticos se ha visto acortada hasta el punto de que parece que lo único que importa es el próximo sonido, el siguiente titular y la siguiente instantánea de la opinión pública. El foco corporativo se ha desplazado de forma demasiado repetida desde la planificación estratégica hacia la rentabilidad instantánea representada por los beneficios del próximo cuatrimestre.

Este informe explica como esta aceleración hacia la gran inmediatez ha cegado a la sociedad hacia una serie de tendencias económicas fundamentales que, si no son bien anticipadas y abordadas previamente, podrían tener efectos devastadores. El acortamiento inexorable de los horizontes de los medios de comunicación, sociales y políticos, han tenido como resultado el establecimiento de una economía con patrones autodestructivos que ahora amenazan con socavar la viabilidad de nuestra economía. Nosotros datamos la aceleración cortoplacista en los tempranos años 80’.

Desde entonces, ha tenido lugar un cambio incesante hacia el consumo inmediato como parte de algo que ha sido bautizado como “culto a la auto-adoración”. La búsqueda de la gratificación inmediata ha dado resultado a la acumulación de deuda hasta una escala sin precedentes. La crisis financiera, que comenzó en 2008 y desde entonces ha derivado lentamente hasta convertirse en la más profunda y prolongada caída económica de los últimos ochenta años , no ha tenido lugar a causa de un corto periodo de malversación por una pequeña minoría, por reconfortante que esta ilusión pueda llegar a ser. Más bien, lo que empezó en 2008 fue el desenlace de un proceso amplio que ha durado 30 años, y que se describe como el “gran superciclo”.


( Figura 1: Ratio Deuda-PIB de los EEUU desde 1945)


El proceso de este superciclo de crédito se ejemplifica mediante la relación entre el PIB y el agregado del mercado de crédito en los EE.UU. En 1945, a pesar del inmenso coste resultante de ganar la Segunda Guerra Mundial, el endeudamiento agregado de los negocios Americanos, individuales y del gobierno, eran equiparables al 159% de su PIB. Más de tres décadas más tarde, en 1981, este ratio había cambiado ligeramente, hasta el 168%. En términos reales, la deuda total se incremento un 214% desde 1945, pero la economía creció un 197%, manteniendo el ratio de deuda remarcablemente estático durante un periodo largo que, dicho sea de paso, estuvo lejos de estar libre de sacudidas (tuvieron lugar 2 crisis petroleras de gran importancia).



( Figura 2. PIB y deuda de los EEUU desde 1945)


Desde los tempranos años 80’, una inconfundible y aparentemente implacable tendencia creciente de endeudamiento tuvo lugar. Entre 1981 y 2009, la deuda creció un 390% en términos reales, superando ampliamente el crecimiento (del 120%) de la economía de los EEUU. Para 2009, el ratio de deuda alcanzó el 381%, un nivel sin precedentes en la historia. Incluso en 1930, cuando el PIB colapsó, este ratio apenas superó el 300%, y a partir de este punto declinó verdaderamente rápido.

Este informe no va principalmente sobre deuda, y tampoco sugiere que los problemas identificados aquí son únicamente provocados por los EEUU. Más bien, la escalada masiva en el endeudamiento de los EEUU es uno de los indicadores de un estado mental que ha elevado al consumo inmediato sobre la prudencia en gran parte del mundo.

Este informe explica que solo necesitamos mirar más allá del predominante cortoplacismo del pensamiento contemporáneo para poder percibir que nos encontramos ante la confluencia de 4 desarrollos extremadamente peligrosos, los cuales, individualmente o colectivamente, han empezado ya a derribar los más de 2 siglos de expansión económica continua hacía el camino inverso.

Antes de la crisis financiera de 2008, este análisis podría haber parecido puramente teórico, pero la catástrofe bancaria, y la depresión que siguió, debería demostrar lo peligroso de la confluencia descrita aquí, que  esta ya en marcha. En efecto, más de 2 siglos de casi crecimiento perpetuo probablemente empezó a revertirse hace unos 10 años.

A falta de ideas a largo plazo, los responsables políticos parecen desconcertados sobre muchos asuntos.  ¿Por que, por ejemplo, no ha habido más que una pequeña “no recuperación” tras la caída de 2008? ¿Por qué las tradicionales, y probadas herramientas fiscales y monetarias han dejado de funcionar? ¿ Por que tanto la austeridad como los estímulos nos han fallado?

La pieza perdida de la ecuación económica es una apreciación de cuatro tendencias subyacentes, cada una de las cuales convierte en irrelevantes muchas de las lecciones del pasado.


Tendencia 1) La Locura de las Multitudes;

La primera de las cuatro tendencias extremadamente peligrosas identificada aquí es la creación, desde hace más de tres décadas, de la peor burbuja financiera de la historia. En  su trabajo de 1841 “Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds” (Extraordinarios delirios populares y la locura de las multitudes), Charles Mackay (1814-1889) identificó un hilo conductor entre la idiotez individual y colectiva corriendo a través de locuras del pasado como la alquimia, la caza de brujas, profecías, adivinación, magnetizadores, la frenología, la intoxicación, la admiración de los ladrones, los duelos, la imputación de los poderes místicos a las reliquias, casas encantadas, las cruzadas - y las burbujas financieras.

Una implicación clara del trabajo de Mackay fue que todas estas locuras han sido consignadas al pasado por la inteligencia, la experiencia y la razón. Para la mayor parte, estuvo en lo cierto. La gente inteligente en la actualidad no pone su fe en la alquimia, en la predicción, la caza de brujas o  en las casas encantadas, y -con la excepción de la guerra de Irak-  las cruzadas han sido recluidas en los libros de historia.

Pero una locura sigue viva y vigente. Lejos de confinar las burbujas financieras a relatos históricos como el de los tulipanes Holandeses y la compañía de los mares del sur Británica, en las últimas tres décadas hemos sido testigos de la creación y pinchazo de la burbuja más grande de la historia financiera.

Descrito aquí como “super-ciclo de crédito”, esta burbuja confirmó un aspecto, al menos, de la idiotez identificada por Mackay continua sembrando el caos.  Aunque locuras como las obsesiones históricas con bulbos de tulipanes o con tesoros en los mares del sur pueden aparecer, han sido empequeñecidas en los últimos tiempos,  la locura del “dinero de la nada”, que a través del super-ciclo de crédito, ha sumido a gran parte del mundo en deudas de las que no existe escapatoria (salvo posiblemente hiper-inflación).

Es probable que el aspecto más destacable de el super-ciclo fuese que duró por tanto tiempo que desafió toda lógica y sentido común. Millones de individuos creyeron que los precios de las propiedades solo podían crecer,  de tal manera que ya sea con préstamos contra la equidad (tomando el crédito invariablemente-caro) o gastando (a través de la liberación de equidad) era una forma segura, racional e incluso normal a comportarse.

Los reguladores, mientras tanto, creyeron que no había nada malo en aflojar los criterios de la reserva bancaria (tanto por los activos de riesgo de lastrado de manera que enmascaraban el apalancamiento, y mediante la ampliación de la definición de capital de los bancos hasta el punto que incluso algunas formas de deuda cuentan como capital de amortiguación).

El anterior director de la Reserva Federal, Alan Greenspan ha sido ridiculizado por creer que los bancos siempre actuarían en favor de los intereses de sus accionistas, y que el mercado resolvería todo de una forma benigna. Pero los reguladores generalmente hicieron lo posible por ignorar las señales de advertencia más obvia, como el escalado de los precios de las propiedades comparado con los niveles de ingresos, crecientes niveles de deuda comparados con el PIB, y con prácticas obviamente abusivas como las hipotecas sub-prime, prestamos “ninja” y la proliferación de instrumentos financieros inseguros.

En lo que concierne a la candidez y la ingenuidad, sin embargo, los reguladores y el público en general fueron embelesados por los responsables políticos y sus consejeros. Gordon Brown (ex-primer ministro británico), por ejemplo, proclamó el fin del "auge y caída" y glorificó en el "crecimiento" de Gran Bretaña a pesar de la forma en que la escalada de deuda se fue haciendo más evidente que la aparente expansión de la economía, que no era ni más ni menos que el simple gasto de dinero prestado.



(Figura 3. Cambios en la deuda real y el PIB del Reino Unido)


Entre 2001-02 y 2009-10, Gran Bretaña añadió 5.40 £ de deuda privada y pública por cada 1 £ de “crecimiento” en su PIB. Entre 1998 y 2012, el PIB real aumentó solo 338bn £ (30%) mientras que la deuda se disparó hasta 1,133bn £ (95%).




                                                             (Figura 4. Deuda y PIB real del Reino Unido)

Los gestores de activos tienen un término muy sencillos para describir que es lo que pasó en Gran Bretaña bajo el gobierno de Brown,  fue un colapso en el retorno del capital empleado.

Ninguna otra gran economía lo hizo tan mal como el Reino Unido bajo el mandato de Brown, pero más o menos lo mismo estaba sucediendo a lo largo de todo el mundo occidental, y de forma más notable en aquellos países que siguieron la filosofía desastrosa Anglo-Americana de regulación financiera “light-touch”.

Tendencia 2) El Desastre de la Globalización;

El error de composición, donde los países Occidentales estaban preocupados, fue la creencia de que la “globalización haría a todos más ricos, cuando la realidad fue que la externalización de la producción hacia las economías emergentes fue un desastre auto-infringido con casos similares en la historia económica. Tendríamos que mirar atrás, al Imperio Español inundado de lingotes del Nuevo Mundo para encontrar una combinación de idiotez económica y minoría propio interés igual a la locura de la globalización.

El gran problema con la globalización fue que los países occidentales  redujeron su producción sin hacer la correspondiente reducción de su consumo.  La externalización de la producción de las grandes corporaciones hacia economías emergentes impulsó sus ganancias (y en consecuencia, los ingresos de la minoría en la cumbre del sistema económico) mientras vaciaban sus economías domésticas mediante la exportación de trabajos cualificados.

Este informe utiliza un parámetro llamado “Salida Globalmente Negociable” (SGN) como medida para la producción doméstica, una medida que combina la manufacturación, agricultura, construcción y minería con la exportación neta de servicios. Por definición, las actividades que caen fuera de esta categoría consisten en servicios proporcionados el uno al otro.

En valores constantes (2011), el consumo de los estadounidenses se incremento 6,500 $ billones (*americanos) entre 1981 y 2011, mientras que el consumo en su nombre de su gobierno aumentó en unos adicionales 1,700 $ billones, pero el resultado de salida combinado de la manufacturación, agricultura, construcción e industrias extractivas creció apenas 600 $ billones. A menos de 200 $ billones en 2011, las exportaciones netas de servicios no hicieron prácticamente nada para cerrar la brecha entre el consumo y la producción.

Esto dejó dos residuales - servicios de consumo interno, y la deuda - con deuda con el factor decisivo. Entre 1981 y 2011, y de nuevo expresado en valores constantes, el endeudamiento estadounidense se elevó desde los 11$ trillones(*) a  casi 54$ trillones.

Fundamentalmente, lo que pasó aquí fue que los trabajos de alta formación y bien remunerados fueron exportados, el consumo se incrementó, y cantidades de deuda incluso más grandes fueron utilizadas para rellenar ese “hueco”. Esto fue, definamos como lo definamos, insostenible. Hablar de las economías occidentales modernizándose a partir de cambiar producción por servicios no tiene mucho sentido –que los consumidores occidentales se vendan entre ellos un número más elevado de cortes de pelo, o mayores cantidades de comida basura o incluso más servicios financieros de suma cero, mientras dependen mas y mas de la importación de bienes y, críticamente, en las deudas utilizadas para comprar los mismos. Los ejecutivos corporativos prosperaron, así como los acreedores de la economía endeudada, mientras que la vasta mayoría de vio sus salarios reales declinar en una espiral de endeudamiento. Para nuestros propósitos, lo que importa aquí es que, reduciendo la producción e incrementando el consumo alimentándose para ello de más deuda para rellenar el vacío, nunca fue un curso de acción remotamente sostenible. Lo que esto significa, es que no es posible, ni deseable volver al mundo pre 2008.

Tendencia 3) Un Ejercicio de Auto-engaño;

Una explicación para la ignorancia generalizada (incluyendo a los responsables políticos) del estado verdaderamente lamentable de las economías occidentales se encuentra en la naturaleza ilusoria de las estadísticas económicas y fiscales, muchos de los cuales han sido masajeados fuera de toda relación con la realidad.

Parece que no ha habido una gran conspiración aquí, más bien el efecto general de cambios graduales ha tenido el mismo efecto. En Estados Unidos, por ejemplo, la medida de referencia de la inflación (CPI-U) ha sido modificada por "sustitución", "hedónica" y "ponderación geométrica" hasta el punto que números reportados parecen estar, al menos, seis puntos porcentuales por debajo de lo que habrían estado estado bajo la base 'pre-retoques "de cálculo utilizada hasta principios de 1980. El desempleo en Estados Unidos, oficialmente en el 7,8%, excluye a muchas categorías de personas (como los "trabajadores desalentados") que esconde mucho más altos niveles de inactividad.

La distorsión crítica aquí es claramente la inflación, que se traduce en cálculos que muestran el "crecimiento", incluso cuando es intuitivamente evidente (y evidente en muchos otros puntos de referencia) que, durante una década o más, la economía se ha estancado en el mejor de los casos, no sólo en los Estados Unidos, sino en gran parte del mundo occidental. La inflación distorsionada también les dice a los asalariados que están en mejor situación a pesar de que estas estadísticas no están de acuerdo con sus propias percepciones. Es discutible, también, que las tasas de interés reales (sin inflación) fueron negativas desde la década de los 90’, una tendencia que sin duda ha exacerbado una tendencia creciente a vivir endeudados.

Las cifras fiscales también están fuertemente distorsionadas, más notablemente en la forma en que las obligaciones de deuda casi se mantienen fuera del balance oficial. Como explicamos en este informe, las deudas públicas oficiales de países como Estados Unidos y el Reino Unido excluyen verdaderamente enormes compromisos como las pensiones.

Tendencia 4) La Dinámica del Crecimiento se Acaba;

Uno de los problemas con la economía es que los “profesionales” predican una concentración del dinero, mientras que el dinero es el lenguaje más que la sustancia de la economía real. En última instancia, la economía es –y siempre lo ha sido- un superávit de la ecuación energética, gobernado por las leyes de la termodinámica, no por las leyes del mercado.

La sociedad y la economía, empezó con la agricultura, que creó un superávit energético que,  aunque pequeña para los estándares posteriores, liberó a parte de la población a participar en las actividades de no subsistencia.

Una liberación mucho más grande del excedente de energía se produjo con el descubrimiento de la máquina de vapor, lo que significó que la energía suministrada por el trabajo humano podía ser aprovechada de forma masiva por fuentes exógenas de energía como el carbón, petróleo y gas natural. Un solo galón estadounidense de gasolina ofrece un trabajo equivalente a entre 360 y 490 horas de trabajo humano, el trabajo extenuante que costaría tal vez 6,500 $ si se paga a tasas vigentes. De la energía - un término colindante con el "trabajo" – que se consume en las sociedades occidentales, más del 99% proviene de fuentes exógenas, y probablemente menos del 0,7% del esfuerzo humano. La energía hace mucho más que proporcionarnos el transporte y el calor. En las sociedades modernas, la fabricación, los servicios, los minerales, los alimentos e incluso el agua son funciones de la disponibilidad de energía. La ecuación fundamental aquí no es la cantidad absoluta de energía disponible, sino más bien, la diferencia entre la energía extraída y la energía consumida en el proceso de extracción. Esto se mide por la ecuación matemática TRE (Tasa de Retorno Energética).

Durante gran parte del período transcurrido desde la Revolución Industrial, las TREs han sido extremadamente altas. Los campos de petróleo descubiertos en la década de 1930, por ejemplo, tenían al menos 100 unidades de energía extraída por cada unidad consumida en la extracción (un TRE de 100: 1). Desde hace algunas décadas ahora, sin embargo, TREs medias mundiales han ido cayendo, ya que los descubrimientos de energía han pasado a ser más pequeños y de más difícil extracción (lo que significa energía costosa).



(Figura 5: Aproximándose al borde del acantilado del retorno energético)

El “factor asesino” es la naturaleza no lineal de la TRE. Como muestra la gráfica 5 los efectos de una caída de la TRE de, digamos, 80: 1 a 20: 1 no parecen excesivamente perturbador, pero, una vez que ha caído por debajo de aproximadamente 15: 1, hay un “borde del acantilado” dramático, y  una caída en el excedente de energía, combinado con una fuerte escalada en su coste.

La investigación sugiere que la TRE media mundial, habiendo caído desde alrededor de 40 a 1 en 1990 a 17: 1 en 2010, podrá negarse a sólo 11: 1 en 2020, momento en el que la energía será un 50% más cara, en términos reales, de lo que es hoy, una métrica que elevará directamente en el costo de casi todo lo demás - en especial la alimentación.

Crisis, Culpabilidad y Consecuencias

Si el análisis expuesto en este informe es correcto, estamos llegando al final de un período de más de 250 años en los que el crecimiento ha sido asumido como normal . Ha habido reveses, por supuesto, pero la suposición casi universal ha sido que el crecimiento económico es el estado normal de las cosas, una regla a la que las crisis (incluso en la escala de la década de 1930) son las excepciones. Esa suposición cómoda se encuentra ahora en el proceso de ser superada por los acontecimientos.

Los puntos de vista aquí expuestos deben provocar una serie de preguntas. Para empezar, si realmente nos estamos acercando a una crisis económica  final o “borde del abismo”, ¿por qué no es visible ya? Segundo, ¿quién tiene la culpa de esto? En tercer lugar, cuan grave podía ser esta crisis final? Por último, pero sin duda más importante, ¿Se puede hacer algo al respecto?

En lo que a la visibilidad se refiere, nuestra opinión es que, si la economía cae en los próximos pocos años, retrospectivamente - que siempre goza de la visión 20-20 de la retrospectiva – se dirá que los signos de la caída inminente eran visibles mucho antes de 2013.

Para empezar, cualquier persona que creía que el modelo de globalización (en la que Occidente carece de producción propia, pero se espera que consuma al menos como en la actualidad, o incluso más que nunca) era sostenible, era sin duda culpable de ceguera voluntaria. Tal creencia era sólo viable en el supuesto de una asunción absurda de que la deuda podría seguir aumentando indefinidamente. Charles Mackay relató sobre muchos engaños, pero ninguno - ni siquiera la fe puesta en la brujería - fue alguna vez tan irracional como la creencia (pocas veces se ha dicho, pero siempre implícita en la política económica occidental) en que nunca iba a terminar una forma de vida que era totalmente dependiente cada vez de más deuda.

Incluso a los que estaban dispuestos a tragarse el sinsentido de la deuda en  perpetua expansión, la magnitud de la debería haber hecho sonar las campanas de advertencia. De Liverpool a Los Ángeles, de Madrid a Matsuyama, el mundo desarrollado está sumido en deudas que nunca pueden ser pagadas. Además de la deuda oficial, los gobiernos han asumido compromisos de pensiones y de bienestar que sólo son asequibles si se hacen suposiciones verdaderamente heroicas sobre la prosperidad futura.

Al mismo tiempo, no hay evidencia real de que la economía se esté recuperando de lo que ya es una depresión más prolongada que la Gran Depresión de la década de 1930. Ahora hace ya más de cuatro años desde la crisis bancaria y, en algo parecido a condiciones normales, debería haber habido un retorno a la expansión económica. Los gobiernos han intentado casi todo, desde tasas de interés prolongadas cerca de cero, a medidas de estímulo de la creación de dinero en una escala gigantesca. Estas herramientas han funcionado en el pasado, y el hecho de que, esta vez, manifiestamente no estén funcionando debería decirnos que algo profundamente diferente está pasando.

La cuestión de la culpabilidad ha sido el equivalente al "perro que no ladra en la noche" de Sherlock Holmes, en la que muy pocas personas se han rendido cuentas por lo que es, indiscutiblemente, el peor desastre económico en por lo menos ochenta años. Un pequeño número de sinvergüenzas, obviamente-criminales han sido procesados​​, pero esto es algo que sucede de forma rutinaria en tiempos normales, por lo que no equivale a una atribución de culpa de la crisis. Ha habido denigración generalizada pública de los banqueros, la gran mayoría de los cuales eran, en cualquier caso, sólo actuando dentro de los parámetros de la “gratificación inmediata a base de deuda', ethos establecido a través de las sociedades occidentales en su conjunto.

Algunos gobiernos han sido expulsados ​​por sus electores, pero sus reemplazos han tendido a hacer lo mismo que sus predecesores. La verdadera razón de la aparente falta de retribución es que la culpabilidad está demasiado dispersa en toda la sociedad en su conjunto. Si, por ejemplo, la sociedad hubiese querido castigar a los banqueros senior, ¿Qué hubiese pasado con los miles de vendedores que empujaron a sabiendas a millones de clientes hacia hipotecas que no eran remotamente asequibles? La sospecha persiste que ha habido una "gran conspiración de culpabilidad ", pero incluso la izquierda radical no ha logrado atar esto a aspectos específicos de una manera convincente.

Las causas reales de la crisis económica son las normas culturales de una sociedad que ha llegado a creer que la gratificación material inmediata, alimentada si es necesario por deuda, algo que jamás puede ser un modo de vida sostenible. Podemos, si lo deseamos, elegir culpar a la industria de la publicidad (que gasta quizás 470bn $ empujando anualmente el mensaje consumista), o al grupo de ejecutivos de las empresas que han externalizado trabajos especializados en la búsqueda de la ganancia personal. Podemos culpar a una generación de responsables políticos cuyo cortoplacismo les ha cegado a las tendencias subyacentes, o  a reguladores y banqueros centrales que no pudieron "parar la música de la fiesta" mucho después de que la situación estuviese fuera de control.

Pero culpar a cualquiera de estos realmente significa culparnos a nosotros mismos - por caer en el mensaje consumista de la gratificación instantánea, con la compra de las mercancías importadas, por tomar prestado mucho más que podríamos considerar sano, y por elegir a los dirigentes políticos simplistas y vacuos.

Más allá de la visibilidad y de la culpabilidad, las dos grandes cuestiones que deben abordarse son "¿Cuán grave es la situación a la que nos enfrentamos?” y “¿Hay algo que podamos hacer al respecto?”

De éstas, la primera pregunta apenas necesita una respuesta, ya que las implicaciones parecen evidentes - economías sufrirán sacudidas hiperinflacionarias en un intento desesperado de escapar de la deuda, mientras que la desigualdad entre capas sociales aumentará a medida que los recursos (incluyendo alimentos) disminuyan y la escasez apriete. En términos de soluciones, el primer imperativo es sin duda un cambio cultural lejos de la satisfacción inmediata, un cambio que, si no se adopta voluntariamente, se aplicará a la sociedad de todos modos por la reversión del crecimiento económico.

La solución, por supuesto, sería el descubrimiento de una nueva fuente de energía que pueda invertir el de bajón en la ecuación fundamental de rendimientos energéticos. Algunos anclan su fe en la fusión nuclear (a lo largo de las líneas está promovidas por ITER), pero esto, incluso si funciona, se encuentra a décadas en el futuro - es decir, mucho después de que la TRE global caiga por debajo de los niveles que sustentan la sociedad tal y como la conocemos. Soluciones como los biocombustibles y petróleos no convencionales se convierten en no viables por su intrínseca baja de TRE.

De igual manera, esperar una solución tecnológica que se produzca sería extremadamente imprudente, ya que la tecnología utiliza la energía (no la crea). Esperar que la tecnología ofrezca una respuesta sería equivalente al bloqueo de las mejores mentes científicas en un sala de estudio, proporcionándoles enorme potencia de cálculo y grandes cantidades de dinero, y esperar que creen de la nada un sándwich de jamón.


En ausencia de un gran avance, las fuentes de energía realmente prometedoras (como la energía solar concentrada) deben abordarse conjuntamente, sobre todo, con la adaptación social, política y cultural a la "vida después del crecimiento".



Nota:
* Billón anglosajón

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