viernes, 2 de enero de 2015

El fin del Crecimiento Perpetuo (Parte I)

En esta entrada os presento la traducción de un artículo reciente escrito por el británico Nafeez Ahmed, titulado "El fin del crecimiento perpetuo. Parte I":

Es Año Nuevo, y la crisis económica global todavía se esta agudizando. Pero mientras, las autoridades cruzan palabras sobre si 2015 será el probablemente el año de la recuperación o la entrada en una renovada recesión, una nueva investigación sugiere que todos ellos probablemente se estén olvidando de una visión más panorámica de la situación: la crisis económica es la sintomatología de una crisis más profunda, la de la civilización industrial y su relación con la naturaleza.

Lejos de implicar el fin del mundo, algunos economistas ven la era actual de crecimiento lento y austeridad como algo pasajero, una transición a una nueva forma de civilización, que puede o adaptarse a los límites naturales y prosperar, o desmoronarse anclada en la negación, de forma que la naturaleza por si misma restaure su propio equilibrio. Entonces, ¿Podría 2015 ser el heraldo del amanecer de una nueva era de prosperidad, o la ruptura de la economía global?

En el periodo precio al Año Nuevo, algunos expertos clamaron con optimismo que muchos signos indican la recuperación y puesta en marcha de la economía, mientras que otros ofrecen una incertidumbre sombría. De hecho, con una humildad poco característica, algunos economistas convencionales admitieron que no tenían ni idea de lo que podría albergar el año entrante. Justin Wolfers en The New York Times recomendó simplemente “Prepárense para lo peor, esperen lo mejor, y cuenten con ser sorprendidos.”

Varios, sin embargo, han sido tajantes advirtiendo que lo peor está aún por llegar. Por ejemplo, David Levy, que supervisa el “Levy Forecast” fundado en 1949 que ha predicho todas las grandes recesiones de los EE.UU. durante décadas, cree que una recesión global peor que la última” tendrá lugar este año. De acuerdo con el economista Harry Shut, que ejerce de consultor del Banco Mundial, la comisión Europea y la ONU, “la ineludible arremetida de un renovado colapso bancario debe de verse como algo inminente”, con 2015 marcando el comienzo de una “descomposición global más profunda”. Para Shutt, esta no es una mera recurrencia cíclica de auge y caída, sino un síntoma del hecho de que el viejo paradigma “basado en la primacía del beneficio privado se ha vuelto obsoleto”. El advierte tristemente del “descenso a una nueva edad oscura” ya que los políticos continúan confiando en la “represión violenta” y en caducas herramientas económicas para hacer frente a la crisis.

Para Shutt, la crisis económica va más allá de la mera economía, y alcanza a las maneras predatorias inherentes del capitalismo en la búsqueda del crecimiento perpetuo están violando cada vez más los límites ambientales, lo cual implica que estamos en medio de una transición inevitable no solo hacia otro tipo de economía, sino en consecuencia, a una forma de civilización distinta. ¿Podríamos estar al borde de un punto de inflexión en la forma de funcionamiento de nuestra civilización?

El Largo Declive


Algunos argumentan que pese a que la economía desciende a la locura, las semillas de la esperanza están siendo sembradas. Pese a que crisis globales se están acelerando – abarcando el riesgo de catástrofe climática, inestabilidad energética, y muchas otras adicionales al derrumbe económico – un rango de revoluciones sistémicas interconectadas están convergiendo de forma que podrían facilitar una transformación positiva de la economía global: de una que prioriza y maximiza la acumulación material para una minoría, hacia otra que tenga en cuenta la necesidad del bienvivir de todos.

Esta es la conclusión del notorio nuevo libro publicado como parte de la serie Routledge Studies in Ecological Economics, La Gran Transición, escrito por Mauro Bonaiuti, un economista de la Universidad de Turín en Italia. El libro de Bonaiuti aplica  herramientas complejas de la ciencia para diagnosticar la dinámica real e implicaciones de la crisis económica global que erupcionó visiblemente en 2008.

Esta crisis, defiende Bonaiuti, es un síntoma de “paso de la civilización” más largo. Las sociedades capitalistas avanzadas están en fase de retornos decrecientes, medidos a través del periodo de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo el crecimiento del PIB, la TRE (Tasa de retorno energético,cuanta energía es usada en comparación de la que obtenemos) y la productividad en la manufacturación, entre otros parámetros.

Gráfico de Bonaiuti que refleja las tasas de crecimiento del PIB en Europa desde 1961 al 2011, ilustrando un fluctuante pero consistente declive lento
Tabla: Puntuación de la TRE que también esta en declive para los principales combustibles fósiles.

Considere lo siguiente: Comparando estos retornos decrecientes, en el mismo periodo y en una escala global, hemos enfrentado crecimientos prácticamente exponenciales en: consumo energético, deuda pública, crecimiento poblacional, emisión de gases de efecto invernadero y extinción de especies.

Para Bonaiuti, los retornos decrecientes son una consecuencia de “la interacción entre los límites biofísicos de la naturaleza (el agotamiento de recursos, calentamiento global, etc) y la creciente complexidad de las estructuras sociales (burocratización, reducción de la productividad de la innovación, y de la educación, sanidad y sistemas productivos, etc.).”

Crecimiento poblacional y consumo energético plasmados en un gráfico (the Oil Drum)


Subida global del ratio de deuda comparada con el PIB desde el 2000 al 213 (fuente: The Telegraph)

Correlación entre el incremento exponencial del consumo, emisiones de CO2, extinción de especies, y degradación ambiental (fuente: Skeptical Science)


Por lo tanto, la crisis no es solo económica, sobre deuda, o desregulación, o volatilidad del mercado o cualquier otro argumento relacionado. Fundamentalmente, la crisis se debe al recurrente impacto de la economía global con los límites de la biosfera. Irónicamente, como Bonauiti señala, después de un cierto punto, al continuar la acumulación material medida por el PIB, el bienestar y la felicidad no solo se han detenido su crecimiento, también están en declive al incrementarse los casos de depresión y otros trastornos psicológicos – un fenómeno que los economistas mediáticos no tienen en cuenta.

Todo esto empieza a cobrar sentido, sin embargo, al re-enmarcar la crisis como algo no simplemente económico, sino como algo “bio-económico”, en la cual el consumo material exponencial esta desestabilizando de forma creciente la biosfera. Esta superación de los límites ambientales explica la “incapacidad por parte del sistema capitalista de continuar manteniendo bienestar social y de afrontar la cuestión ecológica con ninguna eficacia.” Y por esto el capitalismo contemporáneo ha agotado las herramientas para sobrellevar significativamente la crisis.

¿Colapso? O renovación! (¿o ambos...?)


Por tanto la civilización se enfrenta a una gran, desplazamiento transcendental de fase, en el cual el actual capitalismo global depredador se desmorona por su propio peso y su insostenibilidad. Mientras este proceso se despliega, simultáneamente abre un abanico de escenarios para nuevas formas de sociedad, entre las que se encuentra la posibilidad de “una gran transformación hacia nuevas formas institucionales” que podrían incluir mayor “autogobierno de las comunidades y de sus territorios”.

Pese a las disrupciones reales en esta fase ce cambio conlleva, muchas de las cuales han sido analizadas en profundidad en el Motherbouard (la avalancha sin precedentes de conflictividad social como ejemplo de gran importancia), el economista italiano es cautelosamente optimista sobre los futuros resultados a largo plazo.

“Cuando el marco cambia, como las ciencias de la complexidad nos enseñan, nuevas formas de organización económica y social surgirán, más apropiadas y ajustadas a la nueva situación” escribe Bonaiuti. “En particular, en un contexto de crisis global, o incluso de estancamiento del crecimiento, la cooperación entre organizaciones descentralizadas, de escala más pequeña, ofrecerán grandes oportunidades de éxito. Estas organizaciones pueden guiar el sistema hacia condiciones de sostenibilidad ecológica, mayor igualdad social y, involucrando a ciudadanos y territorios, para incrementar los niveles democráticos”.

Bonauiti utiliza el término “decrecimiento” para describir este nuevo marco, pero decrecimiento no significa simplemente no crecer o crecer negativamente. Realmente implica una nueva ciencia de “economía post-crecimiento” en la cual la obsesión por medir la acumulación material como primer indicador de salud económica es desechado.

La perspectiva de cree posible el crecimiento infinito en un planeta finito es biofísicamente imposible , literalmente una violación de una de las leyes más elementales de la física: conservación de la energía, y la entropía.

Si Bonauiti está en lo cierto, al ser inservibles las herramientas económicas convencionales, deberíamos esperar ver más y más señales del cambio de marco, y con el, el surgimiento de nuevas formas potenciales de organización económica y social que funcionen mucho mejor que el antiguo paradigma industrial que damos por sentado.

Y esto es exactamente lo que está sucediendo.


En la próxima parte de esta columna, he abordado superficialmente cinco importantes “revoluciones” que están actualmente desgastando el paradigma antiguo, y abriendo paso para nuevos enfoques alternativos viables: la revolución de la información, la revolución energética, la revolución financiera y la revolución ética.

Los grandes cambios constituidos por estas revoluciones se están desarrollando de forma dispar, tentativamente, y a menudo de forma incoherente – pero a pesar de ello, están evolucionando inexorablemente, y en los años venideros será más difícil de contener y cooptar.

Todas ellas engloban una dispersión creciente de poder hacia la gente y las comunidades, fuera del alcance de las jerarquías de control centralizadas. Conforme aceleran y empiecen a interactuar,  las oportunidades para la transición se desplegarán.

Con esto no quiero decir que esto sucederá de forma simplista, sin esfuerzo. Bonauiti identifica cuatro escenarios potenciales para el futuro, y uno de ellos es el “colapso”, que habla por si mismo. Aquellos que se benefician del antiguo paradigma son probablemente los que más resistencia opongan. Literalmente, el futuro de nuestra especie y del planeta se definirá a partir de la impredecible forma en que la gente de todas partes responda a la realidad del cambio, sea a través de resistencia, incredulidad, apatía, compromiso, adaptación o acción.

Así que, bienvenidos a 2015: un año en el que nuestras elecciones determinarán el futuro del planeta.


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