jueves, 5 de febrero de 2015

Después del Pico



Nueva traducción de un artículo de Richard Heinberg, publicado en la web del "Post Carbon Institute" y en "Resilience.org":



Después del Pico

 

 


Casi hace 17 años el movimiento del “Peak Oil” o pico del petróleo comenzó con la publicación de “El fin del Petróleo Barato”, escrito por los geólogos petroleros Colin Campbell y Jean Laherrère en marzo de 1998, en la revista Scientific American. Campbell acuñó el término “pico del petróleo” para describir el momento inevitable en el cual la industria petrolera mundial produciría petróleo en su máximo histórico. A partir de ahí, la producción comenzaría a declinar, al deteriorarse la calidad general de los recursos disponibles y mientras el incremento de las inversiones desembocara en retornos decrecientes. A menos que la sociedad hubiese reducido de forma dramática y proactiva su dependencia en el petróleo, el resultado sería una serie de “shocks” o golpes económicos que devastarían a las sociedades industriales.

Campbell estimó que la producción de petróleo convencional alcanzaría su máximo algo antes del año 2010. En publicaciones posteriores, Laherrère añadió que el pico en petróleo convencional causaría una subida de precios, creando incentivos para desarrollar más los petróleos no convencionales. El resultado sería un retrasado pico para “todos los líquidos del petróleo”, el cual el estimó para alrededor de 2015.

Hoy podemos estar realmente cerca de este último pico. Ligeramente antes de los previsto, la producción de petróleo convencional comenzó una deriva decreciente en 2005, resultando en unos años con precios en máximos históricos – que permitieron a la industria desarrollar la tecnología para extraer arenas bituminosas y petróleo compacto, y también incentivar la producción masiva de biocombustibles por parte de los EEUU y Brasil. Pero los elevados precios del petróleo también debilitaron gradualmente las economías de las naciones industriales petro-dependientes, reduciendo su demanda de combustibles líquidos. El resultado del desajuste entre el creciente suministro y la moderación de la demanda ha resultado en una súper-abundancia temporal y en una caída de los precios del petróleo.

El batacazo de los precios está en última instancia forzando a la industria a recortar gastos de perforación. Como resultado de la detención de la maquinaria, la producción global probablemente se contraerá en la segunda mitad de 2015 y continuará durante la primera mitad de 2016. Incluso si los precios se recuperan como resultado de la caída de la producción, la producción probablemente no retornará a su reciente trayectoria creciente, por que el pinchazo de la burbuja del petróleo compacto está “programado” para alrededor de 2016 en cualquier caso. Y los bancos, una vez quemados en su prodigo apoyo a proyectos de perforación con beneficios marginales, dudosamente volverán a entrar de lleno en el terreno de los petróleos no convencionales.

Irónicamente, a medida que las tasas de producción de combustibles líquidos mundiales se acerca a la cresta de la curva, estamos escuchando que los avisos del peak oil eran erróneos y desatinados todos estos años. El mundo está en medio de un exceso de oferta y los precios declinan, los incansables optimistas sobre los recursos se encargan de recordárnoslo. Seguramente esto refuta a los pesimistas  profetas del peligro! Sin embargo, como el comentarista veterano “Peakoilero” Ron Patterson apunta:


“El pico del petróleo será en punto en el tiempo en el que más petróleo ha producido en la historia de la humanidad, o se producirá en un fututo. Es de lejos mucho más probable imaginar este periodo como un tiempo de exceso de petróleo que un momento de escasez”


En un par de años, aquellos que se han pasado la mayor parte del tiempo advirtiendo sobre la proximidad del pico quizá se vean vindicados por datos, e incluso por la opinión pública. ¿Deberíamos entonces “relamernos”?  No entra en mis planes. Después de todo, el objetivo de la actividad no era acumular puntos, sino avisar a la sociedad. Buscábamos un cambio en el sistema industrial de forma que se pudiese reducir la escala del “shock” o golpe económico venidero. No hay ninguna señal de que hayamos sido exitosos en hacerlo. Hemos gastado la mayor parte de nuestros esfuerzos en la batalla de ser escuchados; nuestro impacto real en la política energética ha sido mínimo.

No hay de que avergonzarse en esto: las cartas repartidas jugaban en nuestra contra. La pensamiento economicista,  que domina por completo las políticas del gobierno, continua tenazmente insistiendo en que la energía es un ingrediente totalmente sustituible en la economía, y que el agotamiento de recursos no puede limitar el crecimiento económico. Creyendo esto  como cierto, los gobernantes han hecho oídos sordos de forma efectiva al mensaje.

Un cínico podría concluir que es un buen momento para que los “peakoilers” cantasen victoria, retirarse y ver desde la barrera como la tragedia se desata. Pero para los participantes comprometidos en estas discusiones el trabajo real no ha hecho más que comenzar.

Durante los pasados 17 años, conforme el debate sobre el pico del petróleo enturbiaba a los expertos en energía, el cambio climático ha emergido como un problema para la supervivencia del ecosistema, proporcionando nuevas razones de peso para reducir nuestra dependencia no solo del petróleo, sino de todos los combustibles fósiles. Sin embargo, la respuesta mundial al cambio climático y sus problemáticas ha sido más o menos similar a la del pico del petróleo: Negación y palabrería como contra-información.

A día de hoy, la sociedad está a punto de comenzar su inevitable y desgarradora adaptación a tener menos disponibilidad energética y movilidad, justo al mismo tiempo en que comienzan a hacerse tangibles y evidentes los efectos del cambio climático resultante por la quema masiva de combustibles fósiles. ¿Cómo podrán aquellos que se han pasado los últimos años avisando, ayudar en este episodio crucial, desencadenante de un drama humano?

Pese a la incapacidad de los “peakoilers” de cambiar las políticas del gobierno, nuestro proyecto está lejos de haber sido una pérdida de tiempo. El mundo esta mejor hoy de lo que hubiese estado si no hubiésemos hecho nada – obviamente no tan “mejor” como nos hubiese gustado. Unos pocos millones de personas entendieron nuestro mensaje, y al menos decenas de miles cambiaron sus vidas y estarán mejor preparadas para lo que se viene. Podríamos decir lo mismo sobre el activismo climático.

Nuestro principal objetivo durante los pasados 17 años fue alertar al mundo sobre los desafíos venideros, ahora debe de ser el fomento de la adaptación a los cambios fundamentales que están en proceso. Las cuestiones que necesitan exploración ahora son:

- ¿Cómo podemos ayudar a reconstruir la resiliencia de toda la sociedad, comenzando de forma local, asumiendo que tendremos un acceso muy limitado o ningún acceso a las riendas de la política nacional?
- ¿Cómo podemos ayudar a la sociedad a adaptarse al cambio climático a la vez que construimos infraestructuras energéticas de emisión cero?
- ¿Cómo podemos ayudar al consumo de la sociedad a adaptarse a la cantidad y calidad de energía que las fuentes renovables realmente nos proporcionarán?

Tenemos que asumir que este trabajo deberá de ponerse en marcha en medio de un descenso energético acelerado, una disrupción ecológica y crisis periódicas – muy lejos de las condiciones de operación ideales.

Por otra parte, existe la posibilidad de que esta crisis pueda actuar a favor nuestro. Como muchas rutinas y expectativas serán perturbadas, mucha gente podrá estar abierta a nuevas explicaciones de sus apuros y a nuevos comportamientos que ayuden a la adaptación a la pobreza energética y monetaria. Nuestro objetivo es será dar un marco a los eventos en desarrollo, persuasiva en términos ecológicos (energía, hábitat, población) en vez de los términos de política convencional (los malos, los buenos), y el ofrecer soluciones prácticas a los problemas florecientes de para la supervivencia día a día – soluciones que reduzcan impactos ecológicos en lugar de empeorarlos. Nuestro objetivo NO debe de ser preservar las sociedades industriales o la forma de vida de las clases medias tal y como la conocemos (esto es imposible de todas maneras), sino ofrecer una “prospera caída”, como Howard Odum dijo, mientras preservamos la riqueza cultural que pueda ser rescatada y que merezca el esfuerzo.

Tal y como nuestros esfuerzos en avisar a la sociedad sobre el pico del petróleo, en esto tampoco hay garantía de éxito. Pero es lo que debemos hacer.


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