martes, 17 de noviembre de 2015

“Ismael”: Revisión de mitos que cimientan nuestra civilización



Una buena amiga y compañera de la Red de Transición me recomendó leer “Ishmael”, de Daniel Quinn, y dado que me ha resultado una maravilla su lectura, me gustaría dedicar una reseña al libro en cuestión, para que llegue a más personas.

No soy demasiado amigo de las narrativas, pues en la inmensa mayoría de casos simplifican en exceso, ocultan variables importantes siendo tendenciosas y enmascaran la complejidad de la realidad. Pero el caso de “Ismael” es diferente. En este libro,  el autor desmonta los mitos del modelo de civilización que se gestó hará unos 8-10 mil años, y que actualmente domina el globo, y se esfuerza por erradicar las muy minoritarias visiones de la vida y cosmologías sobre el ser humano y la naturaleza que difieran de la suya.

El libro tiene un argumento sencillo sobre el que a través de un diálogo socrático entre el protagonista, y un gorila, Ismael, van adentrándose en una critica profunda sobre el modus vivendi del ser humano actual en su mayoría, causa profunda del estado ruinoso de nuestro mundo y el creciente riesgo de extinción de la humanidad y gran parte de la biodiversidad con la que cohabitamos.

Nos remite al análisis de las mitologías no escritas que cimientan nuestra civilización, basada en la dominación de otros seres humanos y del resto de especies que se topan en el camino, en la expansión ilimitada, en la transmisión del conocimiento técnico, para mejorar las herramientas y acciones para controlar y “mejorar” la naturaleza, considerada como un caos sobre el que el ser humano ha de poner orden y mantenerla a raya.

Frente a esta mitología presente y en auge a lo largo de los últimos diez mil años, en la conversación entre primates se trata otra perspectiva, la que permitió al ser humano vivir sobre el planeta sin extralimitarse durante decenas de miles de años, sin poner en riesgo su propia existencia, conviviendo en equilibrio dinámico con otros animales, plantas y otras formas de vida. Una mitología basada en la autocontención, en la coexistencia, en la transmisión de conocimiento necesario para el cuidado y bienestar de las personas. Considerándose estas sociedades parte de la naturaleza, y a esta como algo perfecto y ecuánime, donde gracias a su frugalidad se podía vivir de forma cómoda y sencilla.

Nos habla de la “Madre cultura”, que desde que nacemos nos alecciona sobre mitos propios y nos hace rechazar y ridiculizar los propios del equilibrio natural con diferentes falacias muy extendidas. Una cultura antropocéntrica, que separa al ser humano del resto de seres vivos, dándole un papel de “elegido” para transformar a la naturaleza, para discernir entre el bien y el mal, eligiendo que especies merecen vivir y cuales no, conservando y priorizando aquellas de las que puede extraer beneficio para si mismo, en detrimento de la biodiversidad.

Biomasa terrestre de Vertebrados: Verde animales salvajes, azul animales domesticados y rojo humanos. Fuente: Paul Chefurka


Se explica como esta cultura e ideas nos llega de todas partes, comenzando por mitos como la revolución agrícola del neolítico, presentada como un salto evolutivo, algo presuntuoso y erróneo, que eleva al ser humano a la categoría de dioses, que pueden mejorar el funcionamiento de la propia naturaleza que abastecía a todas las especies.

Nos remonta a una revisión de uno de los mitos más populares de nuestra civilización, el de Caín y Abel, hijos de Adán. Caín, simboliza a lo que llama los “tomadores”, es decir nosotros, los agricultores, dominadores de la naturaleza, en avance constante por imposición de su forma de vida, por su necesidad de alimento por su crecimiento poblacional en detrimento de  otras especies a las que elimina y desplaza, al ser la especie elegida por los dioses. Abel simboliza a los “dejadores”, la estrategia que el ser humano siguió por cientos de miles de años durante su evolución, basada en tomar del ambiente lo necesario para vivir, sin acumular y sin erradicar a otras especies, formando parte del equilibrio de las redes de vida. En la interpretación vigente, errónea, no se cuenta la historia desde el punto de vista de los pueblos semíticos, que eran pastores nómadas, como denuncia de las agresiones de los “rompe-suelos” del creciente fértil, iniciadores de la corriente de los “tomadores”.

Este mito, reinterpretado, refleja un antes y un después en la historia de la humanidad, a partir del cual, el ser humano deja de vivir en el “jardín del Edén”, es decir, de ser forrajero o cazador-recolector, para pasar a ser agricultor, y a tener que vivir “del sudor de su frente”. El cambio o enfrentamiento entre estrategias de vida viene dándose desde entonces, con un avance constante de los tomadores en detrimento de los dejadores.

Según el autor, la evolución de la vida comienza a detenerse progresivamente conforme con el avance de los tomadores, pues cada vez más, los impactos de los modos de vida de las sociedades humanos interfieren e interrumpen los equilibrios naturales que dieron lugar a la evolución natural, y que nos llevan al estado actual de sexta extinción masiva con ritmos acelerados de pérdida de biodiversidad.

En el libro, Quinn cuenta que los dejadores no excluyen formas de agricultura, y como ejemplo habla de pueblos indígenas de América del Norte que alternaban ambos modelos en función de sus necesidades, pero sin extralimitarse ni destruir su territorio ni la vida que en el habitaba.

Los protagonistas se encuentran a raíz de un anuncio en el periódico que dice:

“MAESTRO busca alumno.
 Ha de tener verdadero deseo de salvar el mundo. Presentarse personalmente.”

Bajo esta premisa fluye el diálogo, concluyendo que, la humanidad se encuentra en una encrucijada, en la que cada vez la ventana de oportunidad para evitar su propia autodestrucción se reduce a pasos acelerados, ha de cambiar de forma radical su forma de ver el mundo y de interactuar con la naturaleza a la que pertenece, y para ello, debe de mirar y aprender de las pocas sociedades “dejadoras” que todavía perduran.


Posiblemente, esta transición hacia formas de vida “dejadoras” necesite no solo del saber indígena, sino también alternativas como la permacultura, la gestión holística, estrategias semi-nomádicas, cambios de dietas en base al conocimiento acumulado y en general estrategias mixtas basadas en la reinserción y aterrizaje de emergencia del genero humano dentro de los equilibrios naturales, si es que todavía es posible algo así. En nuestras manos está intentarlo.